Oriundo de La Plata, Argentina, Maximiliano Olivero desarrolla una práctica artística visual que oscila entre la rigurosidad analítica del dibujo en grafito y la naturaleza orgánica e impredecible del collage. Su obra se configura como una investigación sobre la memoria, el paisaje urbano y las capas de significado que habitan en lo cotidiano.

Influenciado por la traza geométrica y la particular melancolía de su ciudad natal, Olivero utiliza el grafito no solo como una herramienta de registro, sino como un elemento de precisión quirúrgica. Sus dibujos exploran el claroscuro extremo, texturas táctiles y atmósferas suspendidas en el tiempo, exigiendo una mirada lenta y microscópica por parte del espectador.

En paralelo, el collage surge en su proceso como un acto de deconstrucción. Mediante la recolección de archivos impresos, papeles intervenidos y fragmentos de realidades ajenas, el artista yuxtapone narrativas para fundar nuevos espacios conceptuales. Esta hibridación entre la mancha monocroma del carbono y el quiebre material del papel genera una tensión poética constante en su cuerpo de obra.

Su trabajo ha sido exhibido en diversos espacios culturales de la región y forma parte de colecciones privadas que buscan en el arte contemporáneo una vuelta a la materia, al oficio técnico y a la introspección visual.